Revista Bao. El toreo fundido en la ciudad de los Altos Hornos. Joselito y Belmonte en Bilbao, hace un siglo

Joselito y Belmonte en Bilbao, hace un siglo

El toreo fundido en la ciudad de los Altos Hornos

 

 

La aparición en los redondeles de José Ortega Joselito (1895-1920) y Juan Belmonte (1892-1962) obligó a que se cortase la coleta la vieja guardia del toreo y a que su pusiese fin a la manera de entender el Arte del Toreo que practicaban Bombita, Cocherito, Fuentes, Machaquito, Pastor…Las temporadas que se mantuvieron en activo, Gallito y el Pasmo de Triana, son conocidas como la ‘Edad de Oro del Toreo’. Sus constantes éxitos en todas las plazas en las que comparecían hicieron que aumentase el número de espectadores y festejos que se programaban en las plazas de toros de España, Méjico, Colombia, Venezuela, Ecuador…

 

Los espadas sevillanos fueron dos revolucionarios de la Fiesta. Dos renovadores de las reglas del toreo sin par. Dos genios. A la vez, dos interpretes de estilos de entender la Lidia complementarios. A la vez, mantuvieron una gran competencia entre sí hasta que en 1920 un toro segó la vida de Joselito. Para que Joselito Ortega y Juan Belmonte pudieran mostrar su arte en toda su intensidad, se impuso la corrida de un nuevo tipo de toro; básicamente criado en los campos castellanos que, en parte, sustituyó a los tradicionales encierros de procedencia andaluza de Veragua, Miura, Parladé, Santa Coloma o Muruve. Y en su lugar aparecieron por los chiqueros los bovinos más comerciales de Graciliano, Argimiro y Antonio Pérez Tabernero; Albaserrada, Conde de la Corte, Manuel Arranz o Samuel Flores.

 

Corrida bilbaína de la prensa

La corrida de la Asociación de la Prensa bilbaína de 1914 ofreció una brillante función de El Pasmo de Triana, el día de San Juan. La expectación fue tan enorme que el dia anterior en los andenes de la Estación del Norte mas de 3.000 aficionados  a los toros esperaban a Belmonte; a quien acompañaron hasta la fonda donde se alojaba, junto con los compases de una banda de música y aplausos de sus admiradores. A la tarde siguiente, el espada de Triana se enfrentó a un encierro muy serio de Trespalacios, en una terna que completaban Cocherito de Bilbao y Tomás Alarcón Mazzatinito; ocasión que cosechó un gran triunfo -premiado con una oreja, tras sufrir una cogida leve-; actuación que Gregorio Corrochano[1] recordó como una de sus grandes actuaciones:

 

Recordamos que fue en Bilbao, en una dificultosa corrida, donde Belmonte toreó y dominó un toro como lo hubiera dominado Gallito. El toreo de los dos empezaba el fundido precisamente en la ciudad de los Altos Hornos, de donde sale el acero limpio de escoria. Aquella tarde salió fundida y limpia de escoria la Tauromaquia. Y esto, sin perder ninguno de los dos su personalidad, sin parecerse el uno al otro, sin copiarse”

 

El propio Pasmo de Trina, en el libro de memorias escrito por el insigne periodista, Manuel Cháves Nogales, perpetuaba esta ultima corrida bilbaínas, entre las mas destacadas de esta campaña:[2]

 

“el día 24 (de junio), un toro me dio en Bilbao una paliza que me tuvo sin torear hasta el 4 de julio, que aparecí en Zaragoza” (…) “…y Bilbao (agosto), donde, después de torear tres corridas seguidas, caí enfermo. Cinco días estuve en la cama, y al sexto hacia el paseíllo en la plaza de Almagro…”

 

Las combinaciones de la Semana Grande bilbaína de 1914 se basaron en las figuras de José y Juan, ya convertidos en las principales atracciones del escalafón. Los demás espadas solo servían para rellenar los puestos que dejaban libres los do doctores en tauromaquia andaluces. La plaza de Vista Alegre no era una excepción, aunque Cocherito seguía siendo uno de los nombres imprescindibles del abono. Una revista del ABC resumió lo acontecido en las corridas de este mismo año; corridas que arrancaron con un gran escándalo:

 

“La primera corrida de feria finaliza con un gran escándalo, al que  sigue un abundante lluvia de almohadillas que inundan el ruedo, debido a que un picador destrozó el toro, con la vara de mala manera, lo que obligo a Belmonte a torear en medio de una gran bronca y rodeado de sus peones”.

 

Sí mala fue la primera actuación de Belmonte en este ciclo, la que protagonizó Gallito Chico la segunda jornada, no le fue a la zaga, pues sufrió las consecuencias -en forma de protestas- que le acarreaban el imponer en a su hermano, Rafael El Gallo en los carteles:

 

La segunda tarde del abono, El Gallo- a quien imponía su hermano en los carteles- tuvo una de sus muchas tardes desafortunadas frente a una corrida de Miura”.

 

Además, El Gallo mayor dio un mitin empuñando el estoque, “…feamente da una puñalada en el pescuezo; después otra, seguida de un intento de descabello, otro, y al tercero acierta”, dejó escrito el corresponsal del vespertino madrileño[3]. Pues, el pánico se adueño del Divino Calvo, especialmente frente a su segundo galán -manso y cornalón- que le llevó a tirarse de cabeza al callejón con reiteración, tras tirar los trastos a la arena. Los toros de Miura -grandes y peligrosos-, también sembraron el pánico entre las cuadrillas desde que aparecieron sobre la arena. Solo Juan Belmonte  fue capaz de sobreponerse al canguelo general, y enfrentarse “al peor regalo” de la tarde gracias a su valor frio y sereno, en medio de una gran emoción. Aunque, al final, fue abroncado por marrar con la espada; bronca que se repitió al finiquitar al último enemigo del concierto. Joselito en la tercera corrida del ciclo, puso tres soberbios pares de rehiletes al quiebro, a los que siguió una magnifica faena de muleta, recogida en las paginas del ABC:

 

“Joselito se va solo al toro, y llega despacio y alegrando hasta la cara, y, sin desplegar la muleta, de un pase cambiado muy ceñido; sigue toreando por naturales magníficos, y siempre con la izquierda, da dos pases de pecho y otros de rodillas, que emocionan y entusiasman[4].

 

Esta magnifica actuación de Gallito, terminó con una grave cornada en el pecho, justo en el momento que entraba a matar, tras quedar colgado en los pitones de su enemigo durante varios segundos. Esta tarde, Rafael El Gallo sacó a relucir su vergüenza torera ofreciendo dos faenas muy aplaudidas, las cuales le sirvieron para ganar el Capote de Paseo que se ponía en juego. En los cuatro toros que mató – dos en lugar de su hermano y Cocherito –cogidos ambos- cosechó dos orejas, de las pocas que ha cortado en Vista Alegre.

 

 

Antonio Fernández Casado

 

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  • [1] Gregorio Corrochano. Tauromaquia. Espasa y Calpe. Madrid, 1999.
  • [2]Manuel Chaves Nogales.  Juan Belmonte. Matador de Toros. Alianza Editorial, 1988
  • [3] ABC. Miércoles, 19 de agosto de 1914.
  • [4] ABC, Jueves, 20 de agosto de 1914.