La Cátedra Taurina. La Afición

La Afición

 

Sin espectadores no hay espectáculo de ningún tipo. Es evidente que a cualquier tipo de festejo taurómaco asisten al menos tres grupos de espectadores diferenciados: los abonados- en algunas plazas muy numerosos-, los socios de las Peñas y Clubes taurinos- a veces también abonados-, y el publico en general, en su mayoría concurrentes ocasionales. A ciencia cierta, cada uno de estos distintos conjuntos de clientes tiene unas expectativas muy diferentes cuando acuden a presenciar un festejo determinado.

 

La primera reflexión que podemos plantearnos es que ninguno de estos segmentos del mercado tiene la más mínima capacidad de decisión en lo que respecta a la organización de los distintos tipos de funciones taurinas. En las plazas de toros no hay socios (abonados) que puedan exigir nada que afecte a la programación de las distintas combinaciones de toros y toreros, correspondientes. Las diferentes clases de asistentes son meros paganos de los boletos, con el único derecho de no adquirir los correspondientes al día, mas bien año, siguiente, sí no están satisfechos con los resultados del espectáculo que han presenciado. Es evidente, en los tiempos que corren, si se quiere revitalizar la Lidia, que su papel debiera se muchísimo más activo. Las empresas, y las instituciones, debieran ser las primeras interesadas en que colaborasen, a la hora de exigir combinaciones de toros y toreros que cumplan con sus gustos y expectativas, en línea similar a como lo hacen los socios de los equipos de fútbol. Tienen que sentir las corridas de ganado fiero como propias. En paralelo, y desde el punto del Marketing Taurino, no creo que sea demasiado exigir que una parte del precio de las entradas, y de los cánones que reciben las propietarios de los distintos cosos, sirviese para financiar un calendario anual de novilladas. Es evidente que sin lidiadores noveles, la fiesta de los toros está llamada a desaparecer.

 

En el segundo termino, se encuentran las Peñas y Clubes taurinos -la mayoría con objetivos más o menos culturales, cuando no de meros seguidores de un determinado estoqueador-, quienes en un escenario taurino renovado, debieran cambiar su pasividad actual. Pues, junto a los abonados, conforman la base social sobre la que debiera renacer la Fiesta, de la mano de las Escuelas Taurinas y sus alumnos. Las Peñas se debieran replantearse sus objetivos fundacionales. No pueden seguir ejerciendo de floreros ocasionales. Debieran ser mas activos en la promoción de la cantera taurina y de los festejos menores. De igual forma, y para que su peso sea mayor, deberían aumentar su numero atrayendo a diversos colectivos locales (comercios, instituciones, asociaciones culturales, medios de comunicación…), interesados en participar en un movimiento regenerador de la Fiesta de los toros, tanto desde el punto de vista cultural como económico. Tampoco se debiera descartar que apoyasen directamente las carreras de determinados novilleros y correspondiente organización de festejos menores.

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