Olivenza era una fiesta (La Cátedra Taurina)

Olivenza era una fiesta

Casi dos mil kilómetros de distancia, viajes de ida y vuelta,  una cincuentena de socios cocheristas  recorrieron en autobús, en su primera excursión del año, la distancia que separa la Villa de Bilbao de la histórica ganadería de Carriquiri en plena dehesa extremeña, a un paso de la frontera portuguesa. Nada más abrirse las porteras de Vega de Hornillo, se hizo presente la figura de su propietario, Antonio Briones y su hija Maria, la responsable final de la  ganadería, dispuestos a que durante varias  horas su casa se convirtiera en la sede del Club Cocherito. El afecto, sencillez y bienvenida del hijo de Haro no pudieron ser más calurosos y atentos. ‎Allí también  nos aguardaban dispuestos a ofrecernos una muestra de su manera de interpretar el arte del toreo: el estoqueador de nuestra tierra, Iván Abasolo, y el joven paisano de Hernán Cortes, Posada de Maravillas, un matador de quinta generación/Posada. A fuer de ser sinceros, ambos tentadores nos deslumbraron en su doble enfrentamiento frente a las cuatro bravas utreras de Carriquiri: al menos las corridas en primero y cuarto lugar servirán para madrear toros bravos, alguno de los cuales, tal vez algún día,  con el nombre de Cocherito, podría asomar por la puerta de chiqueros de Vista Alegre. La tercera vaca del encierro, que se pegó un tremendo golpetazo contra el muro de la plaza, seguramente necesitará otro tanteo más imparcial. Ambos diestros estuvieron en su estilo. Iván toreo hasta que se cansó, con mucho oficio y profesionalidad. Por su parte,  José Luis Ambel nos mostró su perfil artístico, que el pasado invierno ya ha exhibido en las plazas americanas militando en el escalafón superior, quien el próximo mes de  mayo confirmará la alternativa en Las Ventas con los Juanpedros. Madrid y, tal vez, Bilbao…le esperan. A Iván, por el momento, sólo Orduña. Y, según se cuenta, ¿Sopuerta?

 

El complemento a las faenas de tienta y selección fue un magnífico almuerzo campero en el txoko de la propia plaza de tientas que nos ofreció la familia Briones. En los postres, quedo en el aire una propuesta a Maria, criadora de reses bravas y veterinaria de profesión, para ocupar la tribuna del  Club Cocherito, y explicarnos como se puede conjugar su gran amor a los animales, sean mascotas o de lidia. Sus palabras nos servirían de argumentos contundentes para acallar a los anti-documentados anti-taurinos.

 

Y de la teoría matutina al examen real tardío en tribunal popular de la plaza de Olivenza; un recinto que se ha hecho un merecido hueco en el calendario taurino, gracias al temple organizativo de José Cutino (a quien tenemos que ayudar en Vitoria). Hay algo en este coso pacense que me recuerda al de Azpeitia. Lo mismo que el empresario me rememora la figura de Joxin Iriarte ¿No podrían ambos colaborar en sacar adelante el principal coso alavés?

 

La plaza olivenzana abarrotada con 4800 espectadores, pegados los unos contra los otros, sin contar el casi centenar de personas que poblaban el callejón, ofreció una corrida bastante entretenida. La mitad de la lidia se celebró de día y con sol y los tres últimos toros de noche y con luz artificial. Y así mismo fue la corrida. Los tres primeros Garcigrandes  fueron los que más y mejor se dejaron torear y con ellos se lucieron tres de los principales  gerifaltes del actual escalafón (Urdiales, Talavante y Perera)‎, a los que seccionaron varios trofeos. La corrida de toros estaba criada para embestir pero no para medir su empuje contra los jamelgos. Esta tarde-noche, la suerte de varas no llegó ni a simulacro. Ya no queda la menor duda que los actuales estamentos taurinos han inventado la corrida de toros sin picadores.

 

Como paseíllo previo, la larga jornada cocherista comenzó con una visita al cortijo de Aldea del Conde, donde el ganadero de Haro, nos mostro una especie de Santuario de Carriquiri, presidido,  entre otros trofeos y antiguos carteles de su casa, por las corniveletas cabezas de tres vacas navarras coloradas, dedicado a perpetuar la memoria de la casi dos veces centenaria ganadería, en su día propiedad del conde de Espoz y Mina. A modo de anécdota, con un encierro de esta casa se inauguró, en 1849, la antigua plaza de toros bilbaína de La Concordia, cuando se clausuró para siempre la Plaza Vieja o de San Antón.

 

La noche anterior, los excursionistas realizaron una interesante visita nocturna-cultural a los principales atractivos turísticos de la capital de Extremadura, en la que sobresalió las visitas del Coliseo y Puente Romano.

Antonio Monterrey

4-5-7 de marzo, 2016

 

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